viernes, febrero 04, 2005

Novedades

Gritar es manifestarse, es desgarrarse,
y mi grito sordo -puntiagudamente profano-
no logra parir sus más preciadas notas.
Me suturo.
Olvido desterrar el ansia, toda una proeza,
tal cual desterramos recién el viejo año,
permanezco atado por el cuello
engullendo saliva milenaria
tatuando el viento que se deshoja; surcando.
Por la espalda se asoma mi mano central
y asido por ella de la nuca entro en el Dos Mil,
flotando, mordiendo
huracanando los vértices de mi corazón
bombardeando las esquinas de mi alma
inflamándome.
Enchido el pecho me subyugo rudamente
me limito, me cesuro, me enclaustro.
Con frente en alto me someto
y prevengo con cautela mi próxima subversión.