Jueves, mayo 5. 6:42 PM, salí a la explanada del Auditorio y me dirigí a la fuente (punto de reunión). Arriba el anuncio gigante: “Silvio Rodríguez 5,6 y 7 de mayo”, no me lo van creer, pero me flaquearon las piernas. Bajé la vista y ahí estaba, junto a una bandera de México, la manta blanca que decía Tropa Cósmica y ahí a unos pasos rostros troperos algunos conocidos otros no, me acerqué a saludar, besos, abrazos, sonrisas, presentaciones.

Que vengo de Puebla, Morelos, Chihuahua, Guadalajara, Veracruz, Monterrey, San Luis, de aquí del D. F., de Tijuana, ¿qué? ¿desde Tijuana? Y yo que creía que yo era el que venía de más lejos. ¡Pero qué poder de convocatoria tiene este hombre! Después me enteraría que una tropera viajaría desde Nueva York sólo para estar presente en el concierto.

7:02 PM, transcurrían los minutos y llegaban más troperos y llegó también la lluvia. El cielo no podía menos que emocionarse ante tal acontecimiento. Las gotitas se fueron convirtiendo en gototas y hubo que intentar refugiarse en los arbolitos frente a las taquillas. Ahí siguieron llegando los troperos. Alrededor de las ocho éramos ya algunas decenas que con boleto en mano nos dispusimos a entrar.
8:20 PM, el Auditorio lucía majestuoso, por los pasillos se veía el andar de la gente que comenzaba a llenarlo. Mi lugar estaba cerca del escenario, si ya había gastado en ir hasta el D. F. de una vez gastar en un boleto para un buen lugar ¿no? Lo único malo es que estaba a un costado y veía de lado, se veía muy bien, pero no del centro como a mí me gusta. Justo a las 8:30PM decidí cambiarme de lugar, algunos asientos de en medio estaban vacíos, así que me moví para allá, era al mismo nivel de la sala, pero ahora sí veía todo de frente. Un par de minutos después
Trovarroco comienza a amenizar la noche: Contrabajo, Guitarra y Tres cubano en perfecta comunión, haciendo vibrar el aire de manera majestuosa. Al terminar la melodía se hace un silencio expectante de uno o dos segundos y luego el Auditorio comienza a derrumbarse, gritos, aplausos, gente de pie, algunos brincando:
Silvio Rodríguez estaba entrando a escena. Yo, incrédulo aún, noté cómo mi corazón se aceleraba al máximo y mis ojos se nublaban, era una emoción –parecida a la que me embarga ahora mismo al relatarlo- difícil de contener y así fue, no se contuvo, ni la mía ni la de las cerca de diez mil almas que aplaudían sin cesar. Se escuchaban los acordes de ‘
Mi casa ha sido tomada por la Flores’, Silvio se sentó y comenzó a cantar: “
Pasa poco, pero pasa, compadre…”
¡Uf! Vaya momentos evocados. El concierto se desarrolló en un clima muy ameno, con un Silvio muy participativo, sonriente, aunque sin dejar de lado su personalidad: Pidió respetuosamente que lo dejaran hablar, pues al principio había constantes gritos del público mientras él hablaba entre canción y canción. ¿Cómo describir tantas emociones? Después de la octava canción, Silvio cedió por un momento el escenario a Lázaro García, otro trovador cubano que nos regaló cuatro de sus creaciones.
Las melodías interpretadas, en estricto orden, fueron:
Mi casa ha sido tomada por las flores
Casiopea
El Matador
Sihué
Alabanzas
Letra De Piel
Papalote
Rosana
Si de tanto soñar - Lázaro García
El carretón - Lázaro García
Siempre sera el amor - Lázaro García:
Dardos de miel - Lázaro García:
Leyenda de los dos amantes
El día en que voy a partir
Camelot
Pedacito de papel al viento
¿A dónde van?
Playa Girón
Te doy una canción
El sol no da de beber
La Canción de la Trova
Canto Arena
Ojalá
Cita con Ángeles
Sueño con serpientes
Canción del elegido
Verónica del Mar
Las cinco últimas fueron ya después de que Silvio había cerrado el concierto, pero no lo dejábamos ir, cada vez que se metía el Auditorio entero clamaba: “Silvio, Silvio”, “Otra, otra”, “queremos una más”… Total que salió cinco veces, incluso la última canción fue ya con las luces del Auditorio encendidas en su totalidad. Era incríble voltear a ver el recinto ya con luces y ver a esos miles de hombres y mujeres emocionados. Por cierto, fue en ese momento que me di cuenta que a unos metros de mi, también emocionado, estaba Demián Bichir, me dio gusto porque me gusta su trabajo y saber que a él le gusta Silvio ha hecho que me caiga mejor.
10:47 PM, Salimos nuevamente a la explanada, otra vez nos reunimos todos los troperos presentes y de ahí partimos hacia el Breve Espacio, el de Melchor Ocampo. Hasta allá había llegado la magia del concierto, los trovadores que amenizaban la noche cantaban una canción propia y una de Silvio alternadamente. Empezaron los brindis, siguieron los abrazos, nos habíamos sentado pero indistintamente íbamos y veníamos de mesa en mesa hablando, cantando, sonriendo, sacando fotos. Trovarroco también estuvo ahí departiendo con nosotros. Salimos de ahí a eso de las 2:30 de la mañana.

2:44 AM, seguía la odisea del regreso a la casa de Mariposa, éramos siete personas en un carrito de cuatro plazas. Hubieran visto qué lío para cambiar de velocidades. Perdón, Susana, si entre tercera y cuarta te llevaste un recuerdito en las pompas…
Ya en la casa, con los corazones todavía palpitando trova, le seguimos otro ratito la guitarra de Omar, de Veracruz, nos ayudó y las voces de los siete: Mariposa, Susana, Joss, Omar, Rubén, Agustín y yo. La velada concluyó, más porque los cuerpos lo pedían que porque así lo quisiéramos, por ahí de las 4:30 AM. Un día largo, sin lugar a dudas, pero maravilloso, inolvidable…